La oscura Edad Media

El furor histérico de la Inquisición.

Mucho se ha escrito sobre las razones del imprevisible cambio en virtud del cual "el inocuo y necesario gato" pasó a convertirse en un emisario del Diablo.  En una época en la que la iglesia temía más que nada al paganismo y la herejía, el gato encarnaba todas las características del maligno. No en vano había sido deificado en Egipto, venerado por los infieles, símbolo de placeres orgiásticos, compañero de brujas e invocado por estas como Satanás en los aquelarres demoníacos.

 Todo parece indicar que la Edad Oscura del gato comenzó Con la terrible peste negra que asoló Europa en el siglo XIV. Se llegó a pensar que aquello era "el fin del mundo". La mayor parte de los historiadores coincide en afirmar que murieron en Europa tres de cada cuatro personas, y que fueron en total 25 millones la vidas truncadas.

Cualesquiera fueran los responsables de la cólera divina y su castigo, la superstición popular y religiosa descargó su ira contra aquello que, siendo suficientemente "humano", resultaba diferente: judíos y brujas se convirtieron en símbolo de la culpa e instrumento de expiación. El gato, alter ego de la bruja y compa­ñero de sus maleficios, sufrió como ellos la misma suerte.

Muchas brujas admitieron haber mantenido relaciones con Satanás personificado en la figura de un bestial gato negro, otras confesaron haberlo amamantado con su propia sangre. El gato resultó ser el elemento por el cual el diablo se hacía con el alma de sus adeptos. Fue cruelmente perseguido y comenzaron las persecuciones, carnicerías en masa  y la purificación por el fuego.

La histeria religioso-popular llegó en aquellas épocas (que, por desgracia, ¡duraron casi 400 años!) a manifestaciones tan absurdas que hoy resultan completamente inverosímiles.

 

El gato en el arte Medieval

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