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Egipto: El gato
elevado a los altares
La
domesticación del gato es un acontecimiento relativamente reciente en la
historia. No hace más de 5.000 años que, procedente de Nubia llego
a Egipto y, probablemente por su acreditada habilidad para proteger
los graneros de la voracidad de los roedores, fue domesticado y aceptado
en los hogares. Más
adelante, por su capacidad para ver en la oscuridad y el enorme
agrandamiento de sus pupilas, se le vinculó directamente con el sol y la
luna, con el ritmo de las mareas y los ciclos de fertilidad de la tierra,
por lo que adquirió un status casi divino. Conquistó el favor de las
familias egipcias y el corazón de sus amos. Fue
protegido por las leyes y surgió en torno a él un culto que se
personalizó en la diosa gata Bastet, hija de ISIS (diosa del sol, la luna
y la tierra) y de OSIRIS (dios del sol y de los infiernos). Los atributos
propios de Bastet, además de los heredados de sus progenitores, fueron la
sexualidad y la fertilidad.
Fue venerada durante casi 2.000 años, siendo Bubastis, hoy Tell-Basta, el principal centro de culto a la diosa. La
muerte del gato de la casa constituía una auténtica tragedia. La familia
se ponía de luto y se afeitaba la cabeza y las cejas. El animal era
embalsamado y enterrado en importantes necrópolis gatunas como la
descubierta en 1.888 en la ciudad de Beni Hasán en la que se hallaron
cerca de 300.000 momias de gato. |
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